Club Madres | Que tipo de padres sois
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Que tipo de padres sois

En una familia puede haber un padre y una madre que mantienen una estrecha relación y un elevado nivel de comunicación con su hijo; le escuchan y le animan a expresarse y verbalizar sus necesidades. Sin embargo, hay otras familias en las que son escasos los intercambios afectivos y comunicativos. Los adultos dudamos si debemos poner normas más rígidas, si tenemos suficiente autoridad, o si, a veces, es necesario dar un cachete al niño desobediente… Según la manera en que actuemos con nuestro hijo, se pueden definir hasta cuatro estilos educativos que darán lugar a consecuencias en su desarrollo personal.

Baumrind (1966, 1991), realizó una clasificación de los estilos educativos e, inicialmente, describió tres tipos basados, por un lado, en la combinación del grado de afecto y comunicación y, por otro lado, en el nivel de control y exigencia de los padres. Y posteriormente Brenner y Fox añadieron un nuevo estilo a la clasificación refiriéndose a los padres que escasamente se preocupan por sus hijos:

Estilo autoritario o centrado en el adulto

Se caracteriza por un alto nivel de exigencia y control por parte de sus padres, aunque el nivel de comunicación y afectividad hacia sus hijos es bajo. Las normas suelen ser impuestas sin mediar explicaciones, y el incumplimiento de éstas suele ir acompañado de amenazas o castigos. Las opiniones de los hijos no cuentan en las decisiones familiares. La actitud de los hijos ante este estilo se manifiesta con la aparición del miedo y no se muestran tal como piensan y como son, por temor a la reacción posterior (con o sin castigo) de los padres. Existen dos tipos de hijos, los que mantienen una actitud sumisa a la normativa parental y los que se rebelan antes este tipo de normas.

Este estilo educativo puede generar sentimiento de culpabilidad y baja estima ante la imposibilidad de cumplir los deseos de sus padres; favoreciendo sentimientos de agresividad y odio al no sentir suficiente autonomía personal, y potenciando conductas engañosas en los hijos como forma de evitar el control de los padres y sus castigos.

Estilo cooperativo participativo

En este estilo puede observarse un alto grado de afectividad y comunicación entre padres e hijos, incluyendo, al mismo tiempo, firmeza y exigencia. Los padres, con una actitud dialogante, establecen normas coherentes, pero no rígidas; admiten que tanto ellos como sus hijos se pueden equivocar. Son conscientes de las capacidades de sus hijos ante la resolución de conflictos y el papel de su apoyo. Niños y adolescentes mantienen una actitud responsable ante las dificultades y sus propias decisiones.

Como consecuencia de este estilo se desarrolla en los hijos el sentido de responsabilidad para que asuman las consecuencias de sus actos. Los padres inducen en sus descendientes habilidades de trabajo en equipo, enseñándoles actitudes de cooperación, de toma de decisiones y de respeto por las reglas. Los hijos poseen, así, un mayor control de las emociones y una mayor tolerancia a la frustración.

Estilo permisivo o sobreprotector

En el estilo permisivo se observan niveles muy elevados de afecto y comunicación, pero con una ausencia casi total de exigencias, siendo el adulto el que tiende a someterse a las exigencias y deseos del niño. La actitud de los hijos consiste en la dependencia que tienen con los padres y en el hecho de que saben que no se han de preocupar por nada ya que los adultos les resolverán los problemas. Ante la actitud de consentimiento los hijos se centran exclusivamente en acciones de su propio interés, volviéndose tremendamente egoístas.

En este caso, los niños no tienen un código de conducta marcado, pues suelen carecer de referentes y, por tanto, no saben a qué atenerse. Les falta motivación para la acción, es decir, hábitos de esfuerzo para emprender la realización de un proyecto personal. Tienden a la labilidad emocional con una baja habilidad para empalizar con los sentimientos de los demás.

Estilo indiferente o negligente

Este estilo se caracteriza por la presencia de un bajo nivel de afecto y comunicación entre padres e hijos y por la ausencia de normas. Se observa una tipología de padres fríos y distantes, con una escasa implicación en la educación de sus hijos.

Este estilo se ha relacionado con diferentes comportamientos negativos de los hijos, como el bajo rendimiento escolar, la delincuencia, el consumo de alcohol y drogas, la independencia social, la conducta de juego perturbada y el estrés.

Extracto del libro Niños y adolescentes difíciles, Asela Sánchez, Formación Alcalá

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