Club Madres | Niños desobedientes
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Niños desobedientes

La rabieta de un hijo puede indicar algo más que un simple enfado. Si son habituales es probable que este reclamando la atención de los padres.

Muchas veces los niños necesitan desafiar a los padres, forma parte de su crecimiento y desarrollo natural. Ponen a prueba sus límites, pero también los nuestros. Los gritos, el llanto las papeletas son formas de expresarse. Los niños más pequeños no saben como explicar lo que les pasa y muchas veces se comportan así para llamar la atención.

Lo primero que hay que valorar es si se trata de un comportamiento negativo puntual por un suceso concreto, o si es una actitud habitual, y desde cuando viene sucediendo. Muchas veces ese comportamiento viene dado por una situación o un cambio importante que el pequeño no acaba de aceptar, como puede ser una separación de los padres, la llegada de un hermanito, el inicio de la escuela, etc. Otras, viene dado por la actitud familiar, falta de dedicación a los hijos, poco diálogo, o mala comunicación en el hogar.

A veces basta con preguntar al niño por el motivo de su descontento o enfado para saberlo. En cambio otras, deberemos intentar averiguarlo con paciencia, cariño, observándolo, y con preguntas sencillas cuando esté en una actitud más comunicativa y relajada.

Cuando no hace caso

Frente a una actitud desobediente hay que hablarle con calma y tranquilidad. Debemos colocarnos a la altura de sus ojos, mirarle fijamente a los ojos, y decirle que su comportamiento no es aceptable, utilizando un tono firme y seguro pero sin levantar la voz. Si vuelve a repetir el mal comportamiento, una vez que ha sido avisado, es porque nos esta poniendo a prueba. En ese caso no hay que dejarlo pasar. Lo más recomendable es llevarlo al “rincón de pensar”, un espacio donde puede estar sólo y sin distracciones para que medite sobre su comportamiento (tantos minutos como años tenga). Pasado el tiempo hay que preguntarle si sabe el motivo del castigo y si no está seguro, entonces debemos explicárselo. Para acabar, tiene que pedir disculpas, y cuando lo haga, le abrazamos y le besamos.