Club Madres | Poner límites a los hijos
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Poner límites a los hijos

El niño no debe crecer en un ambiente autoritario en el que no se le permita desarrollar su autonomía a la hora de pensar y de actuar, pero tampoco se le debe dejar libre albedrío. Enseñarle cuales son los límites le ayudará a tener una visión real del mundo del que él forma parte.

Decir NO a los hijos

La tarea de educar no es fácil pero no le debemos tener miedo, no nos dejemos confundir por las muchas teorías que nos dicen lo que tenemos y no tenemos que hacer y que nos llevan a cuestionarnos nuestra calidad como padres. De manera natural nuestro instinto nos dice como hemos de criar a nuestros hijos pero, a veces, no le hacemos caso. La cosa está clara, queremos a nuestros hijos, queremos que crezcan sanos y felices y que lleguen a ser buenos adultos… por todo ello sabemos que la base de la educación ha de ser el amor y el cariño, aunque sin descartar la posibilidad de poner límites y decirles NO cuando sea necesario.

En sus primeros años, es a través tuyo, que tu hijo aprende como es el mundo que le rodea, con tus alabanzas y felicitaciones sabe que lo que hace está bien, pero que si algo está mal le reprimes ó regañas. Por ello es básico que tu comportamiento sea consecuente con lo que le quieres enseñar, no le puedes regañar por algo y limitar su comportamiento si tú también actúas de la misma manera.

Es importante que los padres estén de acuerdo, que se apoyen a la hora de enseñar al hijo que puede y que no puede hacer. En el caso de existir un desacuerdo no es bueno expresarlo delante del niño.

Has de evitar abusar del NO porque perdería su valor, utilízalo solo cuando sea realmente necesario. Hazlo sin gritar pero con tono firme y contundente para que el mensaje que le llegue al niño no sea contradictorio, por ejemplo si cuando tu hijo de un año se acerca al fuego le dices con voz dulce: “cariño no te acerques al fuego que te quemas” mientras lo alejas del peligro, no estará seguro de lo que está pasando y probablemente lo volverá a hacer.

Los límites son interpretados por el niño como una prohibición  de algo que quiere tener o hacer y no todos reaccionan de la misma manera ante un NO, los hay que lo aceptan y otros que se quejan y rebelan. Sea cual sea su reacción hemos de estar preparados para afrontarla y superarla, lo importante es mantenernos calmados y firmes ante nuestra decisión y no dejarnos llevar, ni superar por la conducta del niño.

Los límites deben ser acordes con la edad del niño y por lo tanto a medida que éste crezca, los márgenes deberán ir variando para adaptarse al desarrollo de tu hijo. Por ejemplo, es normal que a un niño de 3 años no le dejes quedarse a ver la tele hasta las 12 de la noche, pero si tu hijo de 10 años te pide quedarse hasta más tarde los sábados por la noche quizá sea hora de ampliar la hora límite para ir a la cama.

No uses el NO gritando o riñendo ni como una respuesta vengativa o como una herramienta para pacificar una situación.

Decir NO a los padres

Los padres también debemos tener límites, debemos ser capaces de mirarnos para detectar y reconocer nuestros errores. Debemos aprender a decirnos NO a nosotros mismos cuando sea necesario.

Los padres NO debemos pensar que somos una figura intransigente y rígida, que somos la autoridad de la familia y por lo tanto, que nuestros hijos deben acatar nuestras normas y hacer las cosas cuando y como nosotros digamos. Por el contrario debemos ser sus guías, han nacido en nuestra familia pero ya tienen su lugar en el mundo, ya tienen su carácter, pronto sabrán lo que les gusta y lo que no, nosotros como padres, debemos estar a su lado para mostrarles el buen camino hacia su independencia.

NO debemos guiar a los hijos por el camino que nosotros no pudimos ser. NO hay que vivir a través de los hijos sino con ellos. NO se debe influir en su futuro con lo que hubiéramos querido para nosotros. Escuchar a nuestros hijos, saber que opinan, nos permitirá formar parte siempre de su vida.

Los hijos NO se hacen personas disciplinadas por vivir en un ambiente dirigido por rutinas y normas rígidas. Por el contrario el niño que crece en un ambiente en el que se le da cariño, respeto, flexibilidad… será un adulto cariñoso, respetuoso y flexible con los demás. Porque los padres somos sus primeros maestros y porque con el ejemplo se aprende, debemos tener siempre cerca el amor y la comprensión.

NO te dejes llevar por la comodidad, si cuando tu hijo te pide ver un rato más de televisión accedes, aunque piensas que no es lo más correcto, pero así podrás descansar un rato antes de preparar la cena, si cuando vais por la calle tu hijo te pide chucherías se las compras, aunque sabes que luego le va a influir en su apetito, pero así te evitarás una pataleta… piensa antes si lo que consientes le beneficia o le perjudica, piensa si lo haces por él o por ti. A veces, el cansancio y la poca paciencia hablan por nosotros, pero es entonces cuando debemos ser fuertes y explicar a nuestro hijo que ya ha visto suficiente televisión animándole a jugar juntos o a leer un rato, debemos ser disciplinados con nosotros mismos y explicarle que pronto tendrá que comer mientras le distraes con una actividad de camino a casa. NO hay que consentir a los hijos con la excusa de que estarán más contentos o nosotros más tranquilos.

NO debemos asociar los deseos del niño con necesidades reales. No confundas el NO darle todo lo que pide con el NO quererle, muchas veces decimos “quiero que tenga lo que yo no pude tener”. Pregúntate si es más feliz un niño jugando con sus padres al veo-veo ó al escondite, o un niño solo en una habitación llena de juguetes. Cuando a un niño se le compra todo cuanto pide o cuando se le rompe algo se lo reponemos, no valorará lo que tiene, no aprenderá a usar la imaginación y lo peor de todo, es que hará de una costumbre un derecho volviéndose exigente y caprichoso.

NO os dejéis llevar por el sentimiento de culpa. Hay muchas situaciones que pueden llevar a los padres a sentirse culpables ante sus hijos, si trabajáis fuera de casa, si estáis separados o divorciados… situaciones que no os permiten estar al 100 % con vuestros hijos y que cuando estáis con ellos os hacen perder la objetividad, consintiendo todas sus peticiones y actitudes como justo pago.

NO estés constantemente negando todo por sistema pensando que si cedes en algún momento, te perderá el respeto. Se trata de que ambas partes convivan y disfruten con ello. Has de saber encontrar el equilibrio y reconocer cuando hay que relajarse y cuando hay que mantenerse firme. Por ejemplo, si cuando estás en el parque, con tu hijo de 3 años, vas detrás de él con frases como “no te subas tan alto que te caes”, “no te tires por el suelo que te manchas el pantalón nuevo”, “no te metas las cosas en la boca”… el niño se frustra antes de empezar y dejará de tener la curiosidad que lleva al aprendizaje. Lo mejor es que te preguntes ¿hay peligro?, ¿es realmente un problema que se manche la ropa?, ¿existe riesgo para su salud?. Y entonces relajarse y cambiar las frases por otras del tipo: “estás subiendo muy alto, me quedo a tu lado por si necesitas ayuda”, “madre mía como te estás poniendo, en cuanto lleguemos a casa a la ducha”, “no te metas las cosas en la boca”. Decir que NO ha de ser el complemento al SÍ que les hace entender que hay unos límites y que pueden hacer muchas cosas pero no todas.

Los límites según la edad

Los límites han de ser acordes a la edad de nuestros hijos y por lo tanto deberán variar conforme vayan creciendo y desarrollándose.

De 1 a 3 años:

A partir del primer año de edad la mayoría de niños empiezan a caminar, de repente comprenden que el mundo ya no se acerca a ellos sino que son ellos mismos los que pueden aproximarse a lo que les interesa, que suele ser todo. Es entonces cuando los padres deben de mostrar a sus hijos que hay cosas que son peligrosas y otras a las que no deben de temer. No se trata de ir detrás del niño con frases del tipo “no abras el armario”, “no bajes los escalones que te caes”, “no entres en la cocina”… primero porque te pasarías el día como un policía y segundo porque cohíbes su interés al conocimiento de sus capacidades y del mundo que le rodea. Lo mejor es que limites su acceso a todo aquello que consideras peligroso o que no quieres que trastee, usa sistemas de seguridad como cierres para puertas y cajones, barreras para escaleras y balcones, etc., aleja de su alcance todo aquello peligroso, existen infinidad de artículos para evitarle los peligros del hogar. Una vez tengas el hogar seguro deja que tu hijo explore por si mismo y si cuando al no poder abrir un cajón se enfada enséñale lo que hay dentro, satisface su curiosidad pero explícale que lo que hay dentro NO es bueno para él y que por eso está cerrado, cuando se enrabia porque quiere bajar por las escaleras pero los barrotes se lo impiden, dile que puede ser peligroso y por eso NO puede pasar y enséñale a bajar de manera segura unos cuantos peldaños. Se trata de que tú estés tranquila de dejar a tu hijo por casa para que desarrolle todas sus capacidades libremente.

De 3 a 5 años:

En estas edades los niños ya han adquirido mucha autonomía, saben caminar, saltar, correr… son muy apasionados y viven las experiencias muy intensamente, son impulsivos, curiosos, exigentes, activos y su necesidad de descubrirlo todo nos puede ser difícil de entender. Piensa que la visión que tenemos de un niño la hacemos nosotros mismos por ejemplo, si tu hijo hace construcciones con las latas de atún de la despensa podemos pensar “que trasto de niño, ya me ha empantanado la cocina” ó “hay que ver que imaginación y que buen sentido del equilibrio que tiene”, cuando salta desde un escalón más alto y al caer se reboza por la arena tu puedes decirle “!mira como te has puesto la ropa limpia!”, mientras le sacudes como a una alfombra ó “!vaya salto, ha sido impresionante!”, no olvides que tu hijo quiere aprenderlo todo y su única manera es interaccionando con lo que le rodea, sé flexible y limita solo lo que verdaderamente consideras que no es bueno ni para él ni para los demás.

A partir de 6 años:

A esta edad los niños quieren tener su lugar en el mundo, quieren hacer las cosas solos y a su manera, tienen su propio criterio de las cosas y no siempre es el mismo que el tuyo. A todos nos gusta hacer las cosas a nuestra manera porque pensamos que es la correcta, pero los padres no siempre tenemos la razón, es muy importante que escuches a tu hijo, valorando y analizando su opinión. No taches a tu hijo de rebelde o digas que no escucha y discute por todo. Reconoce si él tiene razón o explícale porqué lo que tú le dices es lo mejor. Si tu no dialogas ni le escuchas él tampoco lo hará contigo. A esta edad su vocabulario es muy amplio por lo que conocer su parecer y buscar una solución conjunta es más sencillo. Por la misma razón, cuando quieren conseguir las cosas, ya no lo hacen mediante las rabietas, sino con la manipulación.

Hasta los 6 años hemos mostrado a nuestros hijos los peligros que hay en su entorno, ha aprendido lo que se puede o no hacer dentro y fuera de casa, saben que puede jugar con todos los juguetes que quieran pero que al final deben recoger su habitación, saben que pueden ir sueltos por la acera pero que al llegar al cruce han de dar la mano a un adulto… por lo que los límites van en otra dirección, sobretodo llegada la pubertad y la adolescencia, tenemos que enseñar a nuestros hijos que son parte de una familia, de un colegio, de una ciudad… y que deben ser respetuosos con ellos mismos y con los demás y que hay conductas, normas y pautas que todos debemos seguir. Pronto llegará el día en el que tendrás que darte cuenta de que tu hijo necesita su intimidad, y algo más de libertad. Te pedirán elegir su indumentaria, que les compres ciertos artículos o ropa “de moda”, que amplíes los horarios de llegada a casa, que le dejes ir a dormir a en casa de un amigo…, cada familia deberá de estudiar la petición y valorar los nuevos límites. Hay situaciones más fáciles de resolver que otras pero no olvides que la solución no es imponer sino reflexionar.